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  • Cata Bertón

Vivir, viajar, escribir

“Lo cierto es que, en el mundo administrado y organizado a escala planetaria, la aventura y el misterio del viaje parecen acabados; los viajeros de Baudelaire, que partían a la búsqueda de lo inaudito y estaban dispuestos a naufragar durante el viaje, encuentran en lo ignoto, pese a cualquier desastre imprevisto, el mismo tedio que han dejado en casa. De todos modos, moverse es mejor que nada: se mira por la ventanilla del tren que se precipita por el paisaje, se ofrece la cara al escaso frescor (…) el yo se dilata y se contrae como una medusa…” Claudio Magris, El Danubio.



Livorno, Italia. A la foto la sacó mi amigo Jon.

“De todos modos, moverse es mejor que nada”.


Era mi última noche antes de volver a casa, después de un año de ir y venir con nada más que una valija y una mochila. Un año de apoyar la cabeza en diferentes almohadas, de caminar calles sin puntos comunes, de aprender más de mí que de donde estaba. Un año que tenía destinado a que fuera único: viajar, recorrer, vivir, luego volver a casa y hacer la vida que se espera.


Después de tantos años de planearlo y de tantos días de vivirlo, allí estaba yo, tomando cerveza de barril en una fiesta temática, conversando con esta mujer cara a cara, después de incontables encuentros por skype y teléfono. Lo extraño fue que tenerla frente a frente no representó nada más allá de lo que era: nos dimos un abrazo y nos dijimos “al fin”, pero el sentimiento era de ser una vieja conocida.


Ella me preguntó qué iba a hacer una vez que volviera a casa. No tenía una respuesta precisa, sí una construida para salir del apuro: buscar trabajo. Pero cuando quise acordar, allí estaba yo, sincerándome con una mujer que, si soy racional, admito que no conocía. La verdad era que durante tanto tiempo había querido tener mi pasaporte lleno de estampas que, en ese momento, en el que tenía justo lo que quería, entonces no sabía qué hacer.

Como no soy una persona racional (ni siquiera un poquito, aunque a veces puedo fingir), me costó varios meses más darme cuenta de que si seguía sin saber qué quería hacer con mi vida, era porque no quería que las cosas cambiaran. Aún no estoy pronta para una oficina, un ordenador de escritorio y un teléfono a mi lado. No estoy pronta para vivir de la misma forma todos los días.


No. Yo quería seguir como antes: trabajando, sí, solo que yo un día en Tailandia y otro en Vietnam.


O un día en Skagway y otro en Juneau. O en Antigua y otro en Aruba. O en todos esos lugares del mundo que me faltan caminar y respirar.


Todavía no quiero ser convencional.


Escrito en mayo de 2012. Publicado en el libro de relatos Vivir, viajar, escribir (KDP, 2019)

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