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  • Cata Bertón

Cuarenta días


Este texto forma parte de la newsletter que se entregó el primer lunes de abirl.


En este correo encontrarás un viaje virtual por los lugares que permitieron crear grandes obras de la historia en cuarentena. Y un poco de cháchara necesaria en estos tiempo de encierro.

¿Hay algún otro super-nerd por ahí que haya buscado la etimología de la palabra “cuarentena”? Viene de “Quaranta giorni”, que en italiano significa Cuarenta días. Es que esta no es la primera vez que el mundo busca refugio. Sí es la primera vez que lo hacemos con internet y penicilina.

Mientras buscaba de qué forma encarar esto sin hablar de la situación actual, se me ocurrió que no tengo por qué no hablar de pestes, ¿o a quién no le llama la atención una buena peste medieval?

Hace un par de semanas hice un vivo por Instagram con Valeria Puig, amiga y autora de I belong. Una de las preguntas que nos hicieron fue: en este tiempo de encierro, qué ciudades recomiendan para viajar de modo digital. Con lo que me gusta viajar y lo encerrada que me siento, se me ocurrió unir ese viaje virtual con las pestes pre-penisilínicas. Así que, acá vamos.

Primera parada: Medio Oriente o donde sea que el Sacerdote Aaron haya vivido.

La primera vez en la historia del mundo occidental que se hace mención a una reclusión por enfermedad es en el Levítico, el tercer libro de La Biblia. Era por la lepra y lo que sucedía era que el posible enfermo debía recluirse por siete días antes de ser revisado por el Sacerdote Aaron. Así, de siete en siete hasta que era declarado enfermo o puro.

Mientras buscaba ese capítulo me acordé de una profesora que en clase de literatura antigua y medieval que nos decía que La Biblia era el libro más completo, tenía de todo: el comienzo y el fin, nacimiento y asesinato, hasta tenía relatos eróticos. La Biblia es el mayor Betseller de la historia y, si en este encierro les hace falta una bonita historia de amor, les recomiendo El Cantar de los Cantares.

¡Oh, si él me besara con besos de su boca!

Porque mejores son tus amores que el vino.

Segundo puerto: Venecia, el centro del mundo.

La frase dice Todos los caminos llevan a Roma y esa fue la capital de uno de los mayores imperios. Muchos siglos después, los reyes de los principados italianos eran las islas que componen Venecia, porque la mayor parte del negocio naviero europeo se manejaba en este lugar. Tanto así que podían exigirle a los barcos estar cuarenta días con el ancla baja en medio del mar Adriático antes de entrar a la ciudad.

Si bien la etimología de la palabra Cuarentena exigía que paráramos por Venecia, ¿quién se puede negar? Cuando perderse entre los callejones y los puentes de esta ciudad tendría que considerarse una de las maravillas del mundo moderno.

Cuando trabajaba en los barcos, cada vez que llegábamos a este lugar teníamos que levantarnos antes de entrar al Gran Canal para poder sacar fotos a la navegación. Eso quería decir que el despertador sonaba a eso de las cuatro de la mañana. Jamás me costó, era una de las escenografías más hermosas para ver: los edificios venidos a menos, las lanchas y las góndolas.



Nos tomamos un tren y llegamos a: Florencia, de perderse en la mitad del camino.

Italia entera no necesitaría justificación, pero hay un motivo particular por el que venimos a Florencia y tiene que ver tanto con el Renacimiento. ¿Sabían que a la Divina Comedia Dante solo la había llamado Comedia? Hasta que llegó Giovanni Bocaccio, otro escritor, y le agregó lo de Divina.

Bocaccio, un hombre renacentista, es autor de otra obra maestra de la época: El Decamerón. Esta libro se trata del reclutamiento voluntario de 10 personas que se escapan a la campiña italiana, escondiéndose de la Peste Negra. Para hacer más llevadero el confinamiento, cada uno de ellos tiene un día para contar una historia. Por ejemplo, acá tienen el argumento de una de las historias:

Un monje, caído en pecado digno de castigo gravísimo, se libra de la pena reprendiendo discretamente a su abad de aquella misma culpa.”


Último destino: Inglaterra, la manzana de Newton y la calavera de Shakespeare.

¿A alguien más le parece raro que, si bien este virus anda dando vueltas desde el año pasado, recién hace un par de semanas que Occidente ha reaccionado? Esa lucha eterna entre Asia y Europa sigue siendo tan vigente como cuando Menelao y Paris se encontraron en el campo de batalla.

Pues, cuando todo esto nos chocó a nosotros, uno de los primeros posts que leí fue en LinkedIn: resulta que Isaac Newton desarrolló su teoría de la gravedad estando encuarentenado por la peste bubónica.

No fue el único que aprovechó su tiempo: Shakespeare escribió algunas de sus obras más conocidas encerrado por la misma peste. Tal vez es gracias al aburrimiento de estos genios que hoy tenemos obras como Macbeth y que podemos bromear con la manzana de Newton.

La vuelta a casa

Cuando todo esto termine, me voy a subir a un Cutcsa en hora pico porque ando con ganas de que me pechen, de que me empujen y me pisen. Necesito contacto humano.

Me sirvo una copa de vino y trato de encontrarle un hilo conductor a todo esto. Los días se suceden, las oraciones pasan. Este año tenía planeado un viaje de tres meses, necesitaba irme de Uruguay porque me sentía claustrofóbica. Qué ironía. De momento, voy 22 días de encierro, si nos guiamos por Venecia aún me queda la mitad.

Para terminar este tour y ya que nos hemos concentrado tanto en Italia, acá les dejo un artículo sobre Roma que escribí para la revista La Mirilla. Espero que les guste.





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